Reseña LXIV


DATOS
BANDA:
SANTO ROSTRO
ÁLBUM:
“II: THE BLEED”
// CD // SPAIN //
La Choza De Doe, Discos Macarras, Nooirax Producciones, Odio Sonoro, Cosmic Tentacles.

AÑO:
2015
Web de la banda:
Facebook

By José Luis


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"El único camino hacia la libertad es descubrirse a uno mismo.
En este caso SANTO ROSTRO es la llave."

-DOOM IN AETERNUM-

Las siete menos cuarto de la mañana. Hoy, mis ojos se entreabren protestando, pero no por sueño ni cansancio, si no porque saben que van a ver lo mismo de siempre, y es una sensación extraña, pues normalmente me levanto pensando en la suerte que tengo de tener un trabajo estable desde hace bastantes años, en una empresa que me trata muy bien, siendo incluso muy amigo de mi jefe, el cual de vez en cuando, nos invita a mí y a mi familia a comer a su lujosa casa, junto a otros empleados de confianza. Pero hoy no parezco yo, es como si el que se refleja en el espejo del cuarto de baño de mi piso, el cual es la envidia de la comunidad y de mis compañeros, fuera la realidad de mi mismo, la otra parte de mi alma, y no la mentira que saldrá a la calle, en cuanto termine de ponerme este traje barato pero aparente, que solo engaña a los mismos que yo. No sé porque estoy diciendo esto, mi atuendo es de los buenos, no creo que en una sastrería seria engañen a la gente. Salgo del baño y mi mujer ya se ha levantado. Le daría un beso de esos que nos llevarían a la cama de inmediato, pero somos una pareja seria, ya llevamos más de diez años de relación, y no podemos dejarnos arrastrar por los deseos más primitivos como si fuéramos críos dándose el filete en un parque, además, ya “lo hicimos” el viernes, hoy martes seria ya una locura. Ahora que la observo bien, sin maquillar y sin esa vestimenta que le imprime aires de ejecutiva de tres al cuarto, no es que valga mucho… no entiendo que me pasa, ¿porque pienso de esta forma? Incluso veo a mis hasta ahora preciosos hijos, y lo que me viene a la cabeza en este momento es que son dos niños repollo, consentidos, cursilones y aparentemente inteligentes porque hacen muchas actividades. No puede ser, mi cabeza está fallando.

Quizá sea exceso de trabajo, mi jefe confía mucho en mi, y me sobrecarga de responsabilidad en muchas ocasiones, o quizá sea la edad, soy un hombre de treinta y cuatro años, y aunque voy al gimnasio con regularidad para mantenerme, la edad empieza a presentar facturas al cobro. Necesito volver a mi realidad, tengo la sensación de que no voy a poder, pero regresar a mi rutina diaria quizá ordene de nuevo mi mente. Me monto en mi coche y lo arranco, un último modelo que me está costando pagar, pero las caras de envidia de mis vecinos y compañeros sufragan de sobra ese sobresfuerzo, y hablando de sufrir, me acabo de dar un susto de muerte. Ayer el reproductor de CD quedó encendido, a todo volumen además, con el disco de un grupo que me prestó un compañero del trabajo. Si bien, cuando comenzó a sonar la música, pensé que estos tíos están mal de la cabeza. Me pregunté si de verdad este tipo de composiciones le podían gustar a alguien, si la comparamos con la agradable música que suena en las radios más… más… como decirlo… ahora no me sale la palabra, da lo mismo, más normales. Después de prestar la atención debida, me di cuenta del sentido que le dan estos músicos a la palabra libertad, al crear, al interpretar esas gruesas guitarras, baterías, instrumentos apabullantes a los cuales dan rienda suelta en un ejercicio de liberación y espontaneidad fuera de lo común. Seguramente me contagié de ese sentimiento y por eso regresaba a casa ayer con el CD tan exageradamente alto. Conduzco sin bajar el volumen, me siento extraño, algo despierta dentro de mí y no puedo evitar dejarlo salir, y me importa bien poco que al llegar al parking del edificio donde trabajo los demás me miren como si estuviera loco. Locos ellos por contemplar la vida como una rutina con la que dar ejemplo a generaciones futuras.

Cojo el ascensor hasta la planta de mi empresa, pero no quiero, no quiero formar parte de esta pantomima, de esta supuesta vida ejemplar y perfecta que no es más que una soledad encubierta, engañifa para las almas que van en supuesta concordancia con los tiempos, un tipo de vida que desprecia a los entes libres, como yo tantas veces hice, viéndolos como extraños que son molestos para el progreso y la coexistencia en este enorme y estúpido hormiguero. Las puertas del ascensor se abren, me dirijo a mi mesa, de inmediato se me acerca el “guaperas” barato de turno que tengo al lado para vacilarme de nuevo sobre sus supuestas conquistas sexuales, y digo supuestas, porque de la forma que las cuenta seguro que miente. Seguidamente el pendón de la secretaria de mi jefe, que siendo previsora y pensando que un día de estos me van a ascender de puesto, se acerca provocativamente a ofrecerme un café, a lo cual le respondo amargamente que cuando me quiera ir de putas ya contaré con sus servicios. Aparece mi jefe, el Sr. Revoredo. Me da los buenos días, le respondo de la misma forma y le pregunto si podría hacerme un favor, a lo cual, en un alarde de falsedad muy practicado por él, me dice que por supuesto, y que, “que puede hacer por su empleado favorito.” El pecho me quema, la ansiedad me devora, necesito salir de aquí ya, pero en un último esfuerzo de control por mi parte, y siendo yo, una persona poco dada a un vocabulario soez, le contesto con mucha educación que si me haría el favor de irse a tomar por culo.

Me doy la vuelta y de reojo veo en todos esa expresión estúpida, mezcla de estupor e idiotez de nacimiento, y en mí adivino, admito una satisfacción que no conocía, un descanso, y una sensación de libertad que no sabía que existía. Me monto de nuevo en mi coche, me enciendo un pitillo, esta vez sin esconderme, sin pensar en que la ramera importanciosa de mi mujer me dirá que el coche huele a tabaco, pero no por los críos de las narices, sino por el que dirán las amiguitas de turno cuando se monten en él, este es sin duda el mejor cigarro de mi vida. Estoy parado no sé donde, a muchos kilómetros de mi lugar de residencia, he conducido toda la noche sin parar, sin pensar, sin hacer nada que no sea conducir. Tengo miles o millones de llamadas, todos preocupados, preocupadísimos… ¿Esto es ser libre? pues si no quiero amargarme, lo que no voy a hacer es pensar en todo lo que me he perdido hasta este precioso momento, mejor contemplar lo que voy a vivir a partir de ahora. Voy a poner de nuevo ese CD, ese derroche de genio musical que ha encendido la mecha del polvorín que era mi alma. No lo encuentro, era un CD grabado, ¿Dónde está? ¿Cómo se llamaban? Que idiota, si lo dejé puesto, aquí esta, SANTO ROSTRO, curioso nombre para un grupo.



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