Reseña LXXIII


DATOS
BANDA:
COFFINFISH
ÁLBUM:
“I am Providence” // CD
AÑO:
2015 / Poland
Unquiet Records
Web de la banda:
Bandcamp

Realizada por / by José Luis.


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"Abrumador. Sin más."
"Crushing . No more."

-DOOM IN AETERNUM-

Siempre he tenido en mis pensamientos, que escuchar el trabajo de una banda es como dar un largo paseo. En ocasiones será aburrido y tedioso, otras ameno, (jamás divertido, no contemplo, personalmente, la música "divertida") y afortunadamente la mayoría de veces descubrirás algo más allá de lo que estás escuchando, si sabes precisamente darle uso a esa maravillosa palabra: escuchar. Los músicos, compositores, interpretes o como se les deba nombrar, según cada caso, nos muestran un paisaje siempre diferente cada vez que viajamos por sus misteriosas tierras, y lo más portentoso de la música es que, aunque sea muy ocasionalmente, lo que empieza siendo un viaje, o como decía con anterioridad, un largo paseo, se convierte contra todo pronóstico en una expedición sin un final demasiado previsible, pues el horizonte que nos ha trazado COFFINFISH solo está en su imaginación.

Lejano, demasiado lejano se antoja el final de este lento y correoso caminar, no exento de una languidez contradictoriamente intensa, pues la perfecta apatía que nos produce la asimilación de los desarrollos compositivos de ésta enorme banda, siempre a la espera del momento ascendente, constantemente en estado de alerta por si el terreno que pisamos estalla en nuestra cara, no es excusa para no apreciar la magnitud y vehemencia existente en cada acorde. Antes me he referido a la indolencia como una de las sensaciones que nos van a penetrar hasta el tuétano mientras desgranamos en nuestros oídos el perfecto pentagrama que COFFINFISH dibuja segundo a segundo, pero creo que me he dejado un término que complementaria perfectamente esa displicencia antes comentada. Con una lentitud desesperante, (y no hablo en términos de tempo y medida, me refiero estrictamente a la interpretación, o dicho de otra manera, da igual si el metrónomo acelera sus pasos, ellos siempre evocan lentitud) dan un más que amplio sentido a la elegancia, algo que hacía mucho que no percibía en la música en general. Otra cosa bien distinta es lo que sean capaces de introducir en nuestra desdichada mente, pues de imaginarnos intentando caminar, enterrados hasta la cintura en un repulsivo y nauseabundo lago hecho de los restos grasientos de cientos de mataderos, cuyas tolvas descargan su infecto, espeso y vomitivo material sobre nuestras cabezas, con tal violencia que no podemos evitar tragarnos esa mezcla de sangre, sebo, vísceras y tiras de piel ulcerada podemos pasar, siempre sosegadamente, a volar plácidamente sobre un manido y tranquilizador escenario.

Sin demasiada compasión, nuestra calma se trunca de nuevo. Un peso enorme, se podría definir como absurdo, nos aplasta contra un desértico suelo, obligándonos a arrastrarnos por sus hirientes arenas. Lacerando nuestra piel hasta sangrar, vemos mientras tanto esculturas de tierra caer y convertirse en polvo, teniéndonos que tragar la duda de si es nuestro propio yo, nuestros sueños y deseos, o esa parte cada vez más escondida del ser humano, es decir la bondad y la gratitud, lo que se derrumba a nuestro alrededor. En el fondo da lo mismo, a estas alturas ya estamos absoluta e irremediablemente perdidos en una titánica, cruel y despiadada lucha. No contra nuestro interior, nuestras partes más insondables no son las que pelean por salir, pues ya hace rato que los desgarrados dedos de la desesperación se agarraron con fuerza a las imágenes que entran por nuestra vista. El motivo de nuestra contienda, por lo que luchamos con fruición desatada, es por enterrar de una vez por todas esta pantomima de mundo que hemos construido alrededor de una vida (y no al revés) y disfrutar con total libertad de este escenario, de este viaje aborrecible y hermoso, despiadado y compasivo, cruel, amable, sanguinario, incruento, feroz, brutal... pero muy humano.

Siempre es posible volver, y no en soledad, regresaríamos junto a nuestra estupidez, mascota siempre fiel y dispuesta a llevarnos, a guiarnos en caso de desorientación, de vuelta a ese mundo anteriormente mencionado, aunque me resisto a creer que a estas alturas alguien quiera abandonar la búsqueda de ese horizonte que solo existe en este despiadado y a la vez apacible páramo que es la creatividad de estos genios. Puede que el mensaje musical y lírico de esta enorme banda, y no estoy pretendiendo adivinar nada, sea la búsqueda de otro yo de una forma más bien áspera, puede que tan solo sea filosofía de esa que tan cómodamente se denomina "que cada cual lo interprete como quiera" (no me lo acabaría de creer en esta agrupación) o quizá lo único que pretendan es que te quedes y no regreses, aunque para eso debas asimilar cierta esquizofrenia, saber que vas a comerte tus propios oídos, y admitir que vas a mecerte al son del viento que COFFINFISH sople. A mí la situación me seduce, y supongo que a ti también. Si aun así tienes dudas, enciende la radio o la televisión un momento, de ahí si querrás escapar.



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